Lecturas Complementarias

Capítulo IV: Clasificaciòn de La Vida

La Generación espontánea


Los descubrimientos gracias al microscopio a mediados del siglo XVII parecían desvanecer la diferencia entre la materia viva y la materia inanimada. Volvió a plantearse así un interrogante que aparentemente ya había tenido respuesta, referente al origen de la vida o, por lo menos, a las formas más simples de vida.
Aunque era fácil comprobar que los seres humanos y los animales de gran tamaño procedían del cuerpo de sus madres o de huevos puestos por ellas, ello no resulta muy claro en el caso de los animales pequeños. Hasta la época moderna, se daba por sentado que seres como los gusanos y los insectos se desarrollaban a partir de la carne u otras sustancias en descomposición.. Dicho origen de la vida a partir de la materia inanimada se denomina "generación espontánea".
El ejemplo clásico presentado como evidencia de generación espontánea era la aparición de larvas en la carne en descomposición. Parecía obvio queesos pequeños organismos, semejantesa gusanos, se habían originado en dicha materia en descomposición, y casi todos los biólogos aceptaban este hecho. Una de las pocas excepciones fue Harvey, que , en su libro sobre la circulación de la sangre, insistía con la idea de que tal vez esos minúsculos seres procedían de semillas o huevos demasiado pequeños para poder ser observados. Era una opinión lógica en un biólogo que se inclinaba a pensar asimismo en la existencia de vasos sanguíneos demasiado pequeños para ser observados.
Un médico italiano, Francesco Redi (1626-1697), impresionado después de leer a Harvey, decidió someter a prueba su hipótesis. En 1668 preparó 8 frascos que contenían varias clases de carne. Cerró herméticamente 4 de ellos, dejando abiertos los demás. Las moscas sólo podían posarse en estos últimos,y sólo en ellos se desarrollaron las larvas. La carne contenida en los frascos cerrados entró en descomposición y se pudrió, pero en ella no se desarrollaron larvas. Redi repitió la experiencia cubriendolos frascos con gasa, en lugar de cerrarlos herméticamente. En esta forma, el aire llegaba a la carne, no así las moscas. Tampoco aparecieron larvas.
En consecuencia, resultaba evidente que las larvas no se originaban en la carne, sino que procedían de los huevos de las moscas. A partir de ese momento, la Biología podía haber abandonado el concepto de generación espontánea. Pero las consecuencias del experimento de Redi fueron atenuadas por el descubrimiento de los Protozoarios, que por la misma época realizó Van Leeuwenhoek. Veamos por qué. Las moscas y las larvas son organismos complejos, aunque resultan simples en relación al hombre. Los Protozoarios no eran mayores que los huevos de mosca y eran organismos extremadamente simples. Seguramente, ellos tambiés se originaban por generación espontánea. El argumento parecía confirmarse por el hecho comprobado deque cuando se mantenían en reposo sustancias nutritivas que no contenían protozoarios, pronto se observaba la aparición de numerosos pequeños organismos. La cuestión de la generación espontánea formaba parte de un teoría más amplia que iba a retomar nuevoimpulso enlos siglos XVIII y XIX: la de los vitalistas frente a los mecanicistas.
                                      
             De "Breve Historia de la Biología" de Isaac Asimov. 



Receta para hacer ratones
..."Las criaturas tales como los piojos, las garrapatas, pulgas y gusanos son nuestros miserables huéspedes y vecinos, pero nacen de nuestras entrañas y excrementos. Porque si colocamos ropa interior llena de sudor con trigo en un recipiente de boca ancha, al cabo de veintiún días el olor cambia, y el fermento, surgiendo de la ropa interior y penetrando a través de las cascaras de trigo, cambia el trigo en ratones. Pero lo que es mas notable aun es que forman ratones de ambos sexos, y que estos se pueden cruzar con ratones que hayan nacido de manera normal... Pero lo que es verdaderamente increíble es que los ratones que han surgido del trigo y la ropa intima sudada no son pequeñitos, ni deformes ni defectuosos, sino que son adultos perfectos"...

Van Helmont



La Biología medieval 


La Transición



... El alquimista común, si no se trataba de un impostor, era el equivalente del químico actual, pero las dos finalidades más ambiciosas de la alquimia estaban condenadas a no lograrse jamás, al menos mediante métodos alquímicos. 
Los alquimistas intentaron, primeramente, encontrar formas de trasmutar metales básicos, como el plomo en oro. En segundo término, buscaron lo que comúnmente se denominaba la "piedra filosofal", un material seco que algunos suponían capaz de transformar los metales en oro, y otros una panacea universal, un elixir de vida que incluso proporcionaría la inmortalidad...

De "Breve Historia de la Biología" de Isaac Asimov. 
Ed. EUDEBA



Capítulo IX: La lucha contra las enfermedades.

La vacunación


En la consideración de los grandes debates sobre la evolución y el vitalismo es importante no olvidar que el interés del hombre por la Biología como ciencia surgió a raíz de su preocupación por la medicina, de su preocupación por los trastornos orgánicos. A pesar de que la ciencia puede progresar rápidamente en el terreno de las especulaciones teóricas, y que incluso parezca aislarse imperturbable de los problemas comunes de los hombres, siempre debe volver a ellos.
Nada concerniente a la teoría resulta inútil o erróneo, ya que merced a un progreso en la teoría los hombres se vuelven a las aplicaciones de la ciencia, por rápido que sea dicho progreso. Y aunque la ciencia práctica puede avanzar empíricamente, sin la teoria, ese progreso resulta, en comparación, demasiado lento e inseguro.
Veamos, por ejemplo, la historia de las enfermedades infecciosas. Hasta cerca de los comienzos del siglo XIX los médicos carecían de medios para afrontar las grandes plagas y epidemias que periódicamente asolaban a la humanidad. Y una de las enfermedades que dezmaban más frecuentemente las poblaciones era la viruela. Además de extenderse tan rápidamente como una hoguera y de causar la muerte de una persona de cada tres, los sobrevivientes tenían el infortunio de quedar deformados por las cicatrices al punto de provocar espanto.
Sin embargo, el hecho de haber tenido viruela aseguraba inmunidad para futuros contagios. Por esa razón, era preferible un pequeño ataque de viruela que no dejase rastros antes que permanecer libre de la enfermedad. En el primer caso se estaba a salvo para siempre de la enfermedad, en el segundo caso la amenaza era constante. Así, en países como Turquía y China se buscaba el contagio de aquellos que sufrían la forma leve de la enfermedad. Incluso se efectuaban inoculaciones deliberadamente con la materia de las pústulas producidas por las formas benignas de la viruela. El riesgo era grande, ya que en algunos casos la enfermedad no se manifestaba en forma benigna en el nuevo huésped noculado.
En los comienzos del siglo XVIII, dicho método de inoculación se introdujo en Inglaterra, pero no se difundió. Sin embargo, el problema se hallaba planteado y surgieron discusiones. Un médico inglés, Edward Jenner (1794-1823), se preocupó por la cuestión. Una leyenda difundida en su condado natal de Gloucester afirmaba que los que contraían viruela bovina (una forma benigna prropia del ganado que en ciertos aspectos se asemeja a la viruela) quedaban inmunizados no sólo contra la viruela bovina, sino también contra la viruela propiamente dicha.
Después de largas y pacientes observaciones, Jenner decidió poner a prueba esas afirmaciones. El 14 de mayo de 1796 encontró una ordeñadora que padecía de viruela bovina. Extrajo el líquido de una pústula y lo inoculó a un muchacho, que, a su vez, contrajo la enfermedad. Dos meses después inoculó al mismo muchacho la viruela propiamente dicha, y la enfermedad no se produjo.
En 1798, después de repetir sus experiencias, publicó sus resultados. Designó su técnica con la palabra "vacunación". El término deriva de la palabra latina "vaccinia", que significa viruela bovina y que, a su vez, proviene de la palabralatina "vacca", o vaca.
El temor que inspiraba la viruela era tan grande que por esta vez se aceptó un progreso sin opoición y casi sin recelos. La vacunación se difundió por toda Europa y la enfermedad fue vencida. La viruela dejó de ser un problema importante en las naciones con una avanzada ciencia médica. Ha sido la primera enfermedad grave en la historia de la humanidad que fue rápida y totalmente dominada y controlada.
Pero dicho progreso no podía desarrollarse sin una teoría adecuada. Todos ignoraban la causa de las enfermedades infecciosas (viruela u otras); la existencia casual de una enfermedad emparentada con una enfermedad más grave que podía inocularse para impedir esta última resultaba excepcional. Los biólogos tenían simplemente que aprender a obtener las formas leves de dterminada enfermedad y ello exigía conocimientos más avanzados que lo que se poseían en la época de Jenner.

La Teoría acerca del origen de la enfermedad

  
La necesaria teoría fue proporcionada por  Louis Pasteur (1822-1895), que se interesó por los microorganismos desde sus estudios sobre el problema de la fermentación. Dicho interés condujo entonces a algo más.
En 1865, la industria de la seda en el sur de Francia se veía amenazada por una enfermedad que atacaba a los gusanos de seda y una vez más se recurrió a Pasteur. Éste observó al microscopio y descubrió un pequeño parásitoen los gusanos de seda y en las hojas de morera, con que se los alimentaba. La solución aconsejada por Pasteur fue drástica pero razonable. Debían destruirse todos los gusanos y moreras infestados. Había que comenzar nuevamente con gusanos y alimentos sanos. Así se hizo y la industria de la seda se salvó. 
Pasteur pensó que lo que era válido para una enfermedad infecciosa también lo sería para otras. Una enfermedad podía ser causada por microorganismos. en consecuencia, podía extenderse al toser, estornudar o besar; en los desperdicios, los alimentos contaminados o el agua. En todos los casos, el microorganismo causante de la enfermedadpasaba del hombre enfermo a otro sano. El médico en particular, debido a su necesario contacto con el enfermo, podía ser el principal agente de infección.
La última conclusión se debe en realidad al médico húngaro Ignaz Philipp Semmelweiss (1818-1865). Aunque no conocía la teoría de Pasteur, pudo comprobar que el índice de muertes provocadas por la fiebre puerperal de las mujeres internadas en los hospitales de Viena era extremadamente elevado, mientras que era muy bajo en las mujeres que daban a luz en sus hogares, atendidas por ignorantes parteras. Semmelweiss pensó que los médicos que van desde la sala de disecciones a las operaciones debían ser portadores de la enfermedad. Insistió para que los médicos se lavasen las manos antes de acercarse a las mujeres parturientas. El índice de mortandad de la enfermedad disminuyó en los lugares donde se cumplieron sus recomendaciones. Pero los médicos se sintieron ofendidos y lo obligaron a alejarse, y el índice de mortalidad volvió a aumentar. Semmelweiss murió derrotado, demasiado prematuramente para asistir a su victoria. Para la misma época, en los Estados Unidos, el médico y poeta norteamericano Oliver Wendell Holmes (1809-1894) llevó a cabo una campaña similar contra las manos sucias de los médicos obstetras, pero que suscitó considerable resistencia.
Pero cuando Pasteur anticipó su "teoría de los gérmenes de la enfermedad", las condiciones se modificaron lentamente. Había ahora una razón para higienizarse y, a pesar de las protestas de los médicos tradicionalistas, el hábito se generalizó. Durante la guerra franco-prusiana, Pasteur logró  que se obligara a los médicos a hervir sus instrumentos e higienizar las vendas con vapor antes de atender a los soldados heridos.
Entretanto, en Inglaterra, un cirujano, Joseph Lister (1827-1912), dedicaba todos sus esfuerzos en favor de una reforma de la cirugía. Comenzó a utilizar la "anestesia". El paciente aspiraba una mezcla de éter y aire, se adormecía y perdía la sensibilidad al dolor. De este modo podían extraerse dientes y realizar operaciones sin sufrimientos. Fueron varios los que contribuyeron al descubrimiento de la anestesia, pero los mayores méritos se atribuyen al dentista Williams Thomas Green Morton (1810-1868), que en octubre de 1846 resolvió extraer un tumor faciala un paciente empleando los efector del éter en el Hospital General de Massachusetts. El éxito de la anestesia la impuso rápidamente como parte obligada de las operaciones quirúrgicas.
Pero Lister se mostraba preocupado porque, si bien las operaciones eran indoloras y arribaban al éxito, el paciente podía morir como consecuencia de una infección posterior. Cuando conoció la teoría de Pasteur, pensó que si la herida y la incisión quirúrgica se esterilizaban, no habría infección. Comenzó a usar ácido fénico (fenol) y comprobó que era eficaz. Lister habia introducido, así, la cirugía antiséptica.
Progresivamente se descubrieron otras drogas menos irritativas y más efectivas. Los cirujanos comenzaron a usar guantes de goma y máscaras. La cirugía ofrecía finalmente seguridades a la humanidad. Si la teoría de Pasteur hubiese aportado sólo este progreso, hubiese sido suficiente para calificarla como el más importante descubrimiento de la historia de la medicina. Pero significó más, mucho más, y su importancia sin precedentes no admite comparaciones.

La bacteriología


No podía pensarse que los microorganismos mortíferos se mantendrían alejados en todo momento de los seres humanos. Tarde o temprano el riesgo de contraer una enfermedad evidentemente se presentaba. ¿Qué hacer?
El cuerpo poseía seguramente medios para combatir los microorganismos, ya que podía recuperarse espontáneamente de las infecciones. En 1884, el biólogo ruso-francés Ilia Ilich Mechnikov (1845-1916) iba a descubrir un ejemplo espectacular de esa lucha antibacteriana. Demostró que los leucocitos de la sangre, dotados de la capacidad de abandonar en caso necesario los vasos sanguíneos, se concentraban en los sitios de infección o de invasión bacteriana. Luego se desarrollaba una lucha entre las bacterias y los glóbulos blancos, que no siempre era favorable a estos últimos, pero sí lo era con suficiente frecuencia para beneficiar al organismo.
No obstante, debian existir armas antibacterianas más sutiles, ya que el restablecimiento de muchas enfermedades traía aparejado una inmunidad para dicha afección, aunque no se obsrvaban cambios visibles en el cuerpo. Una explicación lógica de ello fue que el cuerpo produce ciertas moléculas ("anticuerpos") que podían destruir microorganismos invasores o neutralizar sus efectos. Ello explicaría los efectos de la vacunación, ya que el cuerpo podía haber producido un anticuerpo contra el germen de la viruela bovina y, por consiguiente, emplearlo contra el germen de la viruela propiamente dicha.
Ahora esa victoria podía repetirse no ya atacando a la enfermedad en sí misma, sino al microorganismo que la produce. Pasteur mostró el camino en lo referente al carbunco, una enfermedad mortal que diezmaba al ganado. Pasteur buscó el microorganismo que causaba la enfermedad y descubrió una bacteria específica. Sometió dicha bacteria al calor durante el tiempo necesario para quitarle la capacidad de producir la enfermedad. Esta bacteria "atenuada", viva, pero  inocua, podría, por su sola presencia, obligar al organismo a producir anticuerpos contra ella, anticuerpos que podrían emplearse también contra las bacterias naturales y mortíferas.
En 1881, Pasteur realizó una experiencia singularmente notable. Inoculó la bacteria atenuada a algunas ovejas y a otras no. Después de un tiempo, todos esos animales fueron expuestos a la bacteria virulenta del carbunco. Todas las ovejas inoculadas sobrevivieron sin mostrar los efectos de la enfermedad, mientras que las otras contrajeron el mal y murieron.
Pasteur empleó métodos similares en la lucha cotra el cólera de las gallinas y, más espectacularmente, contra la rabia (o hidrofobia), la enfermedad causada por la mordedura de perro rabioso. En efecto, preparó vacunas artificiales, como se dice, para proteger al hombre y a los animales de toda una variedad de formas de "viruela".
El éxito de la teoría de los gérmenes de Pasteur suscitó un interés renovado por las bacterias. El botánico alemán Ferdinand Julius Cohn (1828-1898) se había sentido atraído en su juventud por el estudio de microscópicas células vegetales. Demostró, por ejemplo, que el protoplasma vegetasl era esencialmente idéntico al protoplasma animal. Pero en la década del 1860 se dedicó al estudio de las bacterias y en 1872 publicó un tratado en tres volúmenes en el cual hizo el primer intento sistemático de clasificación de dichos organismos en géneros y especies. Por consiguiente, puede considerarse a Cohn el fundador de la moderna bacteriología.
Pero el más importante descubrimiento de Cohn fue un joven médico alemán llamado Robert Koch (1843-1910). En 1876, Koch aisló la bacteria que provoca el carbunco y logró cultivarla (cosa que Pasteur hacía en Francia). Koch comunicó sus trabajos a Cohn y éste, entusiasmado, lo apoyó firmemente.
Koch logró desarrollar la bacteria en un gel sólido, semejante a la gelatina (que más tarde reemplazó por agar-agar, que se extrae de algas marinas), en lugar de un líquido. Ello significó un progreso importante. En un medio líquido, las bacterias de diferentes especies se mezclan con facilidad y resulta difícil establecer cuál es la variedad que puede causar determinada enfermedad. Por el contrario, si se hace un cultivo en un medio sólido, una bacteria aislada puede dividirse muchas veces, dando origen a muchas nuevas células que permanecen en su lugar. Aunque el cultivo original sea una mezcla de varias especies de bacterias, cada colonia en medio sólido debería ser de una sola variedad. Si producía una enfermedad, no podía dudarse de que era la variedad responsable del mal.
En un principio, Koch colocaba el gel en una placa de vidrio, pero uno de sus ayudantes, Julius Richard Petri (1852-1921), la reemplazó por una cápsula con tapa de vidrio. Desde entonces la "cápsula de Petri" se usa en bacteriología.
Koch trabajó con cultivos puros y pudo deducir reglas para identificar el microorganismo causante de determinada enfermedad. Él y sus ayudantes descubrieron así muchos de ellos, y el punto culminante de la carrera de Koch fue la identificación de la bacteria que produce la tuberculosis, efectuada en 1882.

De "Breve historia de la Biología" de Isaac Asimov. Ed. EUDEBA.

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